AUTOR: GUILLERMO LEAL

Foster + Partners, teniendo al galardonado arquitecto británico Norman Foster como cabeza; Fernando Romero, jefe de Fernando Romero Enterprise y NACO, por sus siglas en inglés Netherlands Airport Consultants, fueron los elegidos para diseñar el nuevo Aeropuerto Internacional de la Ciudad de México, después de una cerrada competencia a nivel mundial entre varios de los despachos de arquitectura que pretendían diseñarlo.

Estará ubicado al oriente de la capital sobre 4 mil 600 hectáreas de terreno, cifra que no sorprende cuando leemos que tendrá 400 mil metros cuadrados de construcción, sin mencionar las seis pistas con la capacidad de movilizar 120 millones de pasajeros anualmente, llevándose de calle a los 32 millones que moviliza hoy en día el Aeropuerto Internacional Benito Juárez con sus dos terminales. Estos números nos indican que el complejo será uno de los aeropuertos más grandes del mundo.

Está diseñado para ser amigable
con el medio ambiente, pues al ser una sola terminal, utiliza menos material y energía que cualquier otro. Dadas las circunstancias del subsuelo, lo correcto era utilizar una estructura ligera y es aquí donde una telaraña gigante de acero y cristal hacen su aparición, que por sus características, también trabaja a favor de la climatización del aeropuerto que permite la circulación del aire, dejando en últimas instancias el uso de aire acondicionado.

Ingenieros y arquitectos mexicanos también participaran en la construcción del nuevo puerto aéreo, que necesitará una inversión de 120 mil millones de pesos. Los beneficios serán tangibles: 160 mil empleos durante la construcción, más 600 mil en etapa de operación; aumento en las inversiones; la incursión de nuevas aerolíneas y múltiples destinos nuevos para los viajeros.