TEXTO Y FOTOS: PATRICK MONNEY

 

Viajamos en este auténtico hotel de lujo sobre rieles para disfrutar al máximo de los mejores paisajes, la gastronomía, cultura, glamour y el relax total, por cuatro regiones de España.

 

La ilusión del viaje en tren es el sueño de cada niño y el Transcantábrico es la concretización de esa ilusión, a todo lujo, con los mejores restaurantes de las 4 regiones que atraviesa: Galicia, Asturias, Cantabria y el País Vasco. Después de pasar 4 días en Madrid en el hotel Ritz, un palacio de otros tiempos que resplandece en la capital, Renfe nos traslado con alta velocidad a Santiago de Compostela. La ciudad donde reina su imponente catedral, luce un ambiente muy peculiar con la llegada de los peregrinos a su meta, sus edificios son magníficos como el Parador de los Reyes Católicos, construido como hostal/hospital en 1499, auténtica obra de arte reconvertido en hotel en el siglo XX donde nos alojamos.
La cita para abordar el tren era en el Parador para visitar la ciudad y terminar con una comida gourmet en el restaurante del Parador: tapas de bacalao sobre puré de coliflor, salmorejo con jamón ibérico, salpicón de choco y mejillones, seguido por una vieira en su concha con dos compotas, un espeto de centro de solomillo de ternera y terminamos con filloas rellenas de crema, manzana acompañado por un sorbete de orujo. Los vinos eran Condes de Albarei Enxebre de Rías Baixas gallegas y Rioja Herminia Reserva. Después de esa comida pantagruélica, el autobús nos trasladó a Ferrol donde abordamos el tren.
El Transcantábrico es un tesoro de Renfe que circula sobre las vías estrechas, cada vagón aloja dos lujosos camarotes cada uno con sus camas, su salón y su baño completo. Son 14 suites, máximo 28 personas, y cuenta con los vagones restaurante donde se sirve el desayuno, el bar, una acogedora sala para leer y el coche pub. Es viajar en un espacio con un decorado soberbio, con una atención maravillosa y una guía para las visitas. Ya instalados, con nuestra copa de champaña, arrancó nuestro suntuoso hogar sobre ruedas para llegar a Viveiro.

VIVEIRO
Alojada en la Ría de Viveiro, esa villa de origen celta, sufrió ataques de los árabes y vikingos y terminó siendo un recinto amurallado en la edad media. Visitamos las puertas monumentales, sus callejones medievales y placitas, las casas de granito con escudos y las de galerías acristaladas, la iglesia de Santa María del Campo (siglo XII) que conserva su estilo románico, la de San Francisco (siglo XIV), y la Casa de los Leones, antiguo Pazo del siglo XVII. En el famoso restaurante Louazo nos sirvieron una imponente fuente de mariscos con percebes, cangrejos y langostinos, un lomo de merluza pincho de Celeiro con ajada y fondo de patatas y la Delicia de almendras caramelizada queimada con esconxuro, acompañado con vino Albariño “Rías Baixas”. La luna se reflejaba en la ría cuando cruzamos el puente para regresar a nuestro camarote en la estación de Viveiro.

RIBADEO
La campana nos despertaba para desayunar con jamón ibérico, quesos de la región, huevos, panes y el tren arrancó para trasladarnos a la estación de Ribadeo, última ciudad de Galicia. Visitamos el observatorio con una vista hermosa de la ría y la playa de las Catedrales donde el acantilado ha formado unos pilares, contrafuertes, grutas monumentales. La marea baja nos permitió recorrer ese espectacular escenario, pasando por arcos y pequeños fiordos, antes de visitar la ciudad de Ribadeo con sus casas de indianos, su ambiente de bares y pinxos y su bella vista sobre la ría y el pueblo de Castropol, primer pueblo de Asturias. Almorzamos en el Parador donde el aperitivo fue una selección de berberechos en salsa, mejillones al vapor, pulpo a Feira, empanada gallega, seguido por una Caldeirada de pescado y terminar con un helado de queso do Cebreiro, acompañado por un vino blanco Godello o Rioja Viña Herminia.

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LUARCA
El tren rodeó la ría de Ribadeo para alcanzar Luarca y el autobús nos llevó a la capilla junto al faro, donde se abre una espectacular vista sobre el enclave de ese pueblo alojado entre acantilados, con su puerto, sus casas colgando de las lomas, su ayuntamiento, el palacio del Marqués de Ferrera y cenamos en el gastronómico restaurante Villa Blanca donde el festín empezó con un salpicón de mariscos, seguido por un suprema de rape con langostinos en salsa de nécoras, y terminamos con un biscuit de higos con crema de nueces. Vinos albariño o Rioja Ondarre llenaban las copas. Al regresar al tren nos esperaba un cantautor regional para animar una agradable velada y bailar.

AVILÉS Y GIJÓN
Campana y desayuno se habían instalados como nuestra rutina matutina y el tren arrancó para llegar Candás donde el autobús nos llevó al Centro Cultural Óscar Niemeyer en Avilés, espacio de curvas, cúpula y torre redonda, y la Universidad Laboral en Gijón, construida entre 1946 y 1956, uno de los edificios más grandes de España, con su atrio corintio, su inmenso patio central, su iglesia y su teatro. En el centro de Gijón descubrimos los restos de las termas romanas junto a la iglesia de San Lorenzo, los vestigios árabes, la playa de San Lorenzo, la marina y el acuario, el cerro de Santa Catalina donde reina la escultura de Eduardo Chillida “Elogio al Horizonte”, el histórico barrio de Cimadevilla, el Palacio de Revillagigedo y la plaza Mayor, ciudad de contrastes volcada hacia el ritmo de su mar. Comimos en el Parador Molino Viejo donde nos esperaban los aperitivos con Zamburiña horneadas en concha, milhojas de pulpo con pimiento, dúo de croquetas de ibérico y cabrales, seguimos con el tomate de Candamo relleno de mousse de “Cabracho”, el lomo de merluza “del Pincho” en salsa verde, y terminamos con “Frixuelos” rellenos de manzana asada. Un delicado Rioja Viña Herminia 2007 acompañó la comida.

OVIEDO
Alcanzamos la estación de Oviedo en la tarde para visitar un tesoro del arte prerrománico asturiano, la iglesia de San Julián de los Prados, construida en el siglo IX con sus 3 naves separadas por arcos de medio puntos, sus capillas y las pinturas murales más representativas de la Alta Edad Media hispana. Recorrimos a pie el centro de Oviedo, visitando el teatro Campoamor, la catedral gótica, sus antiguos palacios, su mercado, su ayuntamiento, sus callejones y antiguas plazas que le confiere un aire medieval. El paisaje urbano se adorna con esculturas dedicadas a personajes de relevancia, oficios, escenas antiguas. Casa Fermín nos recibió para cenar croquetas de queso La Peral, langostinos asados en ensalada y vinagreta de manzana, solomillo de ternera con salsa cabrales y trufada y terminar con tarta de manzana con helado de canela. Tomamos sidra natural, vino blanco de Rueda y tinto de Rioja. En la estación de Candás pasamos una tranquila noche.

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LOS PICOS DE EUROPA Y EL SANTUARIO DE LA COVADONGA
Temprano viajamos por un paisaje de altas montañas para adentrarnos dentro de los Picos de Europa, pasando torrentes y granjas, hasta la estación de Arriondas donde el autobús nos subió al Parque Nacional de los Picos de Europa. Unos lagos reflejaban el cielo misterioso, unos borregos y vacas animaban el paisaje, el viento helado nos congelaba. Bajamos al Santuario de Covadonga donde la virgen le apareció al rey Pelayo en una gruta, señal que le dio fuerza para combatir los árabes, marcando el principio de la reconquista en 722. A esa Santa Cueva peregrina la gente para ver la imagen de la Virgen y la tumba de Pelayo, el conjunto alojado en un peñón cuenta con el monasterio de San Pedro, la basílica de Santa María la Real de Covadonga y la explanada.
Paseamos por el encantador pueblo de Cangas de Onís con su puente romano, capital del reino de Pelayo, y almorzamos en el tren una exquisita Fabada Asturiana, preparada por el chef Borja Martin del restaurante los Arcos. Fue un manjar que siguió la entrada de salpicón de quesos asturianos con frutos secos y pisto de verduras con sardina marinada, para terminar con un arroz con leche.

LLANES
En Llanes donde visitamos la antigua parte fortificada entre el río y el mar, sus torres medievales y muralla, su basílica de Santa María de Concejo con su portada románica y su interior gótico, varios palacetes, el casino y casas de indianos y en sus sidrerías degustamos la famosa sidra. Cenamos en el restaurante San Pelayo en Niembro: gratén de trigueros con ibérico y queso de Vidiago, enrejado de gambas con pisto, lomo de rape con brocheta de chipirón y aceite de su tinta sobre lecho de hortalizas y timbal de manzanas asadas con cúpula de chocolate blanco y helado de nuez. El tinto H. López de Haro de la rioja, o blanco Apoteosis de Rueda, eran a la altura de la elegante cena.

UNQUERA, POTES Y SANTO TORIBIO DE LIÉBANA
Dejamos Asturias para entrar en la Cantabria; el tren siguió la llanura costera hasta llegar a Unquera. En autobús alcanzamos, por un estrecho desfiladero del río Deva entre las montañas, y alcanzamos el santuario de Santo Toribio de Liébana que alberga el Lignum Crucis, el trozo más grande de la cruz donde Jesucristo murió. A cierta hora la presentan a los peregrinos que la pueden besar y su Puerta del Perdón se abre al comienzo de cada Año Jubilar Lebaniego. Visitamos el pueblo de Potes, atravesado por el río bordeado por la Torre del Infantado, con sus puentes y sus callejones. Descubrimos una bodega donde producen el famoso vino de los Picos de Europa y degustamos lo típico de la región en el restaurante Paco Wences Valdecoro: croquetas y Puding de queso de Tresviso; cocido Lebaniego (sopa de cocido, garbanzos con compango o sea carne, chorizo, tocino, relleno y verduras); lechazo con patatas y pimientos asados; Canónico de postre; vino tinto de Liébana “Picos Roble” y vino blanco “Viña Mocén” de Rueda.
De regreso a Unquera, el tren nos trasladó a Cabezón de la Sal donde caminamos en el tranquilo pueblo donde reina su iglesia y sus antiguas casas. La cena fue servida en el restaurante Las Cuadras Camino Real en Selores, una antigua casona del siglo XVII reconvertida. Sirvieron un pastel de hongos de aperitivo, escalibada templada de verduras con escamas de queso Gomber y picada de anchoas y aceitunas, milhojas de carrileras de buey con berenjena y foie sobre crema de patata y pistacho, y un brazo pasiego borracho con crema de orujo y helado de dulce de leche. Tinto Villarrica Crianza Rioja y blanco Quintaluna de Rueda.

MUSEO DE ALTAMIRA Y SANTILLANA DEL MAR
En medio de verdes praderas descubrimos el Museo de Altamira, reproducción en tamaño natural de una parte de las famosas cuevas donde se encontraron un fabuloso arte rupestre del Paleolítico superior. Esas pinturas de singularidad calidad y conservación causaron sensación al ser descubiertas pero se empezaron a deteriorar con tantos visitantes y se creo el museo que invita a un paseo en una cueva artificial para observar bisontes, caballos, ciervos, etc.
Llegamos a Santillana del Mar, uno de los pueblos más bonitos de España con sus casas de piedra del siglo XVI y XVII adornadas de escudos finamente esculpidos, balcones de hierro forjado, calles empedradas, y la extraordinaria Abadía de Santa Juliana fundada en el siglo VIII cuando se llevaron las reliquias de Santa Juliana de Bitinia martirizada en Turquía. Destacan su claustro medieval con sus columnas pareadas o cuádruples adornadas de esculpidos capiteles, su fachada principal con su arquería, su iglesia con base románica y la escultura de Santa Juliana. En la Villa destacan los blasones y los palacios, el ayuntamiento, las plazas y callejones. Almorzamos en el Parador, empezando con los aperitivos (anchoas de Santoña, brocheta de Quesuco, Chupa-Chups de cecina, ensartado de Rabas, croquetas de jamón), ensalada de langostinos, seguidos por el entrecot de Tudanca con patatas y brocheta de calabacín, terminando con Quesada Pasiega con cuajo de mango y miel, tomando vino blanco Verdejo Cuatro Rayas de Rueda o tinto Herminia de la Rioja.

SANTANDER
En tren llegamos a Santander y el autobús nos paseó por los elegantes barrios de la ciudad que vive rodeada de mar, descubrimos el casino, las altaneras mansiones, el faro con su intrigante acantilado, el ayuntamiento y la catedral. Cenamos en La Mulata: timbal de ensalada de bacalao con pimientos y aguacate, langostinos gratinados con espinacas, merluza rellena de changurro y crema de mariscos, coulant de chocolate con kiwi y frutas del bosque, acompañado por vino rosado de Cigalés, vino blanco de Rueda y tinto de Rioja.

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BILBAO
El tren salió entró en la hermosa estación de hierro de Bilbao temprano, caminamos por el centro, descubriendo los callejones, el teatro, la catedral con su pórtico, la plaza mayor y el paseo a la orilla del río Nervión y la ría. Seguimos con la visita del museo Guggenheim, que destaca por su arquitectura donde las curvas metálicas juegan con el espacio, creando volúmenes abstractos y un edificio bailador diseñado por Gehry, adornado por la araña de Louise Bourgeois y el Puppy de plantas de Jeff Koons. Comimos una excelente carne en el restaurante Baita Gaminiz y el tren nos llevó a Villasana de Mena en la tarde. En autobús fuimos al restaurante Ibaia en Gordexola para degustar su refinada cocina: chupito de crema de puerros, anchoa de Bermeo marinada, pisto a la Bilbaina, bacalao dos gustos pil pil o vizcaína, Panchineta rellena de crema y manzana asada reineta con helado. Terminamos con fiesta de despedida a bordo del tren.

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SAN SEBASTIÁN
Abandonamos tristemente nuestro tren para seguir en autobús hasta San Sebastián donde visitamos el centro antiguo, con sus callejones, sus iglesias, el mercado y sus bares de exquisitos pinxos. La playa de la Concha aclamaba sus tranquilas olas y nos despedimos del grupo de amigos, de la tripulación y del acogedor ambiente del tren. Había sido una fastuosa semana donde la afabilidad del camarote, la comodidad de los salones, el lujo de las diferentes cocinas, la jovialidad de los compañeros y la excelencia del servicio nos habían hecho sentir como reyes de antaño consentidos por los dioses. Viaje inolvidable, las memorias se llenan de música y sabores, de paisajes y monumentos, de risas y vinos. El Transcantábrico es el rey de los trenes, un viaje en el cual uno se tiene que emocionar una vez en la vida, es un cuento que se transforma en novela romanesca al ritmo del movimiento de los vagones.

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