Texto y fotos: Patrick Mooney

 

Mística, romántica y espectacular. Así es en esta paradisiaca provincia de Indonesia soñada por los dioses hindúes, ubicada en el occidente asiático.

Al sonido del Gamelan las bailarinas mueven las manos con elegancia, torciendo los dedos en forma surrealista. Cada gesto tiene su significado, los ojos se mueven violentamente y el cuerpo lentamente. Bali es un escenario en donde se mezclan colores, música, bailes, paisajes, amabilidad y nos acoge como un sueño fastuoso. Cada aldea tiene su club musical de diferentes bailes: El Barong con sus bailarinas rodeadas de dragones y monstruos, el Lelong, el Baris que glorifica la guerra, el Kebyar, el Jauk, el Janger, el Oleg Tambulilingan con su dúo amoroso y el Ramayana que cuenta la mítica historia del poema épico Hindú, todos nos envuelven en la magia de Bali. El Kecak es una danza que hipnotiza al ritmo de las voces de hombres repitiendo con diferentes ritmos la palabra “chak a chak” en la tenue luz de la antorcha, llenando el aire de vibraciones. Las ceremonias hindúes adornan la cultura de la isla, patrimonio cultural de la humanidad y el Wayang Kulit (teatro de las sombras) es el mundo dramático, un arte antiguo en donde los títeres de cuero actúan a contra luz de una lámpara de aceite. Bima, el poderoso héroe del Mahabharata desciende al microcosmo simbólico para atacar al gigante demoniaco, bajo el dominio de Durga, la diosa de la muerte. Envuelta en ese misticismo, la gente vive al ritmo del Gamelan (orquesta de ollas de latón, gongs y metalófonos), de bailes en ceremonias.
Bali es grandioso, de imperecedera belleza, y su encanto nos sumerge en la vegetación tropical, en el verde claro de los arrozales y la magia de los templos poblados de dragones de piedra cubiertos de musgo. La gente es adorable, el calor despierta, Bali se saborea con sensualidad, deleita los ojos, el paladar, el oído, y se vive al ritmo del lujo de 
la naturaleza.
Dempasar, la capital, ofrece un mercado colorido y un museo de arte Balinés. Los hoteles se sitúan en las playas cercanas o entre los arrozales. Sanur, con su arrecife de coral, presenta aguas tranquilas cristalinas y calientes. Kuta es la playa de las olas preferida de los surfers, de los hippies de otros tiempos, con masajes en la playa y  hoteles de lujo. En el sur de la isla, formando una península, se encuentra Nusa Dua, el lugar más exclusivo y espectacular con sus claras aguas  rodeadas de corales. Jimbaran es una tranquila playa con el hotel Four Seasons y sobre todo el Belmond Jimbaran Puri donde te puedes alojar, en pequeñas villas entre la naturaleza, varias con alberca privada y dioses de piedra que habitan el jardín y animan el Spa. Un paraíso en la isla de los dioses.
Más allá de los templos y playas, Bali ofrece paseos a bicicleta entre los arrozales, en motos, o caminatas, acompañados por los dioses que en cada esquina encuentran su templo, su altar, sus ofrendas. La música de los rezos habitan el aire, los monos se infiltran en nuestras vidas, los caminos llevan del mar a la montaña, y las noches nos invitan a cenar sobre la arena de Jimbaran, a la luz de las velas, en Menega Café, para degustar los pescados y mariscos.
Bali es un conjunto de tesoros naturales y otros creados por el hombre una isla soñada por los dioses Hindúes. A pesar de ser muy turística, sigue siendo un paraíso decorado por dioses en piedra, es un hechizo que vibra al son de su música y su misticismo. Bali, es…eso, un amor eterno.
Chécate la nota completa en nuestra revista Oz Magazine, Febrero-Marzo 2015.